lunes, 7 de febrero de 2011

FANATICOS DAN VIDA A LA SERIE DEL CARIBE

LISTIN DIARIO
Podemos hablar todo lo que se quiera sobre lo obsoleto del formato, la escasez de estrellas, y todos los males que diezman a la Serie del Caribe.
Tenemos aproximadamente quince años discutiendo los mismos temas, y sin embargo, al momento de pisar el estadio en el cual se celebra el torneo, podemos olvidarnos de ellos por un buen tiempo.

Y es que los fanáticos presentes en la Serie le dan ese sabor particular al cual es difícil renunciar. Venezolanos, puertorriqueños, dominicanos y mexicanos disputan otro trofeo, no oficial, fuera del campo de juego y dentro de las tribunas: quien es el público más colorido y alegre.
México siempre se lo ha puesto dificil a sus contendores.
Cuando quien redactaba era apenas un adolescente, tuvo la fortuna de contar en su ciudad con dos Series del Caribe en un espacio de cuatro años entre ambas: 1994 y 1998. Y siempre los aficionados aztecas, como tradición y como parte de ese nacionalismo que tienen tan arraigado, llevan los artículos más sonoros.
Matracas inmensas, cualquier tipo de trajes vistosos, todo sea para no pasar desapercibidos. La mascota de los Naranjeros de Hermosillo, Beto Coyote, provocó titulares y la atención de todos los periodistas que cubrieron la justa regional.
En 2011, ahora en Mayagu¨ez, los aztecas no han dejado morir la tradición: hay un contingente de aproximadamente 600 aficionados provenientes de México en el Estadio Isidoro García.
La gran mayoría son oriundos de Obregón, la ciudad de los Yaquis. Pueden venir con la bandera de México pintada en el rostro, plumas de Indios en la cabeza, y no pueden faltar las gigantescas matracas que hacen ruido cerca del dugout contrario.
Pero el resto de las delegaciones no se queda atrás: República Dominicana, rival a rabiar de los boricuas, trajo una representación de aproximadamente 500 personas. Valga decir que no son necesariamente tan pintorescos como los mexicanos, pero siempre es un espectáculo ver a un número tan amplio de quisqueyanos respaldando a su novena, en este caso los Toros del Este.
Venezuela, por su parte, no tiene una cantidad tan nutrida de fanáticos apoyando a los Caribes de Anzoátegui.
Podrán no llegar a 300 personas, pero nunca se puede descuidar a quienes vienen de un país con una tradición beisbolística tan arraigada.
Son momentos clásicos que usted siempre verá en una Serie del Caribe: si México gana algún encuentro importante, las trompetas y la música de mariachi saldrá por los cuatro costados del terreno, sin importar que sean conducidas por el sonido interno del estadio, porque honestamente no lo necesitan.
En alguna esquina usted verá la celebración dominicana a ritmo de merengue, contagiando a todos quienes estén alrededor. Los boricuas tratarán de no quedarse atrás haciendo bulla y tocando música de su tierra. Los venezolanos algún cántico impondrán.

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